Una triste imitación de un parquet de madera

Cuando yo aun no existía la gente usaba fiambreras de metal para conservar sus alimentos y portaban las cosas en bolsas de papel sin blanquear, de ese marrón. Pero llegaron los plásticos, el triunfo de la producción industrial sobre la humanidad. Todo parecían ventajas para nosotros, bolsas más resistentes, alimentos que duran más… pero a la vez perdimos mucho sin darnos cuenta: la basura lo cubrió todo, mar y tierra y esta vez sin visos de pudrirse u oxidarse.
La industria siempre ha buscado la mejora y abaratamiento de un producto, para hacerlo más accesible a un mayor número de consumidores y con ello obtener mayores beneficios. Eso es perfectamente razonable. Lo que no lo es, es que en el proceso se acabara pasando por encima del bien común.

Es como esa cómica imagen de la señora de la limpieza que esconde la porquería debajo de la alfombra… Me pregunto cuanto tardarán en deshacerse las diferentes capas que conforman un bidón contenedor de materiales radiactivos sumergido en una fosa marina; no hace falta ser Einstein para saber que mucho menos de lo que tardarán en ser inerte sus contenido pero a casi nadie pareció importarle cuando los arrojaron… Es un ejemplo extremo de lo poco que les importa la humanidad a políticos y empresarios. Siempre es un problema aplazado, parecido a las deudas de las primeras potencias en términos económicos, un problema del siguiente; a nadie le interesa si algo es sostenible o razonable, en la medida de que no le explote en su propia cara.

Basura acumulada en una playa potuguesa. Fuente: wikipedia

Pronto se encontró miles de usos para ese increíblemente barato y versátil material, hasta que por fin a alguien se le ocurrió hacer una lámina con dibujo de madera y cubrirla con un metacrilato líquido. Lo pegaron sobre un tablero hecho con partículas de madera, limaduras de metal y resina y así surgió el primer laminado. A partir de entonces se imitó la producción en plásticos flexibles (pvc) o rígidos (vinílico) con lo cual la variedad de imitaciones ha ido creciendo, a la vez que la colocación de madera en sus diferentes tipos ha ido cayendo en cierto declive.

Me recuerda a los tiempos del sintasol y el gotelé, solo que en aquel tiempo no había una inversión en publicidad tan grande como para hacerte creer que semejante porquería era mejor que un parqué pegado o un estuco veneciano. Ahora la situación es muy distinta aunque la horterada sea parecida.

Por otra parte los nuevos materiales permitían hacer cosas que no podías hacer sobre una madera así como duraciones espectaculares sin mantenimientos costosos. En cuanto a la parte práctica del asunto muy pocos fabricantes han conseguido colmar tan elevadas expectativas, solo los más caros (de momento, aunque como todo proceso industrial está en permanente abaratamiento) La mayor parte de los materiales ac3 ya están formando parte del regalito a nuestros hijos y nietos. Los ac4 e incluso los ac5 montados en tableros penosos que venden las macro-empresas de bricolaje seguirán ese mismo camino.

Pavimento de pvc en oficina bancaria de Valladolid

Es un poco de risa escuchar que esos materiales son duraderos. La mayoría de los que están por debajo de doce euros son una completa porquería y no les auguro mucha vida útil. Incluso el parquet más humilde dejaría en entredicho al mejor de esos materiales por el simple hecho de que es reparable varias veces y el laminado ninguna, con lo cual su duración tampoco es comparable. Era muy común comprar un piso y a la vez adquirir la madera que ya usó otra familia pero con el caso de un laminado su adquisición conlleva cambiarlo por otro…

Y ahora me gustaría centrarme en el aspecto que encuentro más importante, puesto que un parquet es para embellecer nuestro hogar: ¿de verdad son unas imitaciones tan buenas? El ser humano lleva toda su vida imitando la realidad con todo tipo de artificios que denominamos “arte” pero de momento la realidad sigue siendo infinitamente más hermosa.
Cada tabla de madera que conforma un parquet es única en cuanto a su dibujo y características, no existe una igual en el planeta. En cada paquete de laminado, vinílico o rollos de pvc se repiten los dibujos una y otra vez. A la gente le horroriza llevar el mismo atuendo que otra persona, y a mi encontrar dibujos repetidos a lo largo de todo el piso. Es como si pones los mismos cuadros al oleo y fotos en todas las habitaciones de tu hogar.

Roble en damas barnizado con poliuretano al agua

La madera es algo tridimensional, su superficie no es plana sino que los anillos de crecimiento forman un dibujo sobre ella que nosotros, los que la trabajamos, denominamos textura y las formas en que se extienden sobre la tabla conforman un dibujo, ambos también únicos y cuando no son enterrados bajo una capa ingente de barniz espeso y poco transparente, eso contribuye a dotar de aun más belleza a nuestra denostada madera. Los diferentes ángulos de la luz a lo largo del día hacen que la tonalidad y contraste de la madera cambien con ella, de forma que el suelo es de un color a contra luz y de otro distinto si lo miras a favor de la luz. Si las tablas están orientadas en diferentes direcciones, el dibujo se traslada a la forma en la que se refleja esa luz, marcando los dibujos desde zonas en las que nos resultaría imposible verlos, mientras que en un laminado, a pesar de que los fabricantes imitan la textura para hacerlos menos resbaladizos (ese sería tema para otro post) y más parecidos a la madera, no dejan de ser meras arrugas que no hacen nada por la belleza del material. Los cambios que verás serán más claro o más oscuro, pero jamás parecerá que tienes un suelo distinto a cada momento del día.

En una madera natural ninguna tabla es igual a otra

Otro aspecto a considerar es la elección de los dibujos por parte de los fabricantes de estos plásticos. Parecen pensados para gente a la que no le gusta la madera: tablas con dibujos muy similares y uniformes, sin contrastes ni variaciones de colores. Para ser justo hay algunos que si imitan bastante bien a la madera pero la inmensa mayoría de los que veo se parecen demasiado al antiguo sintasol.

Afortunadamente hay modas que ya cayeron en el olvido o están en franca retirada, como la de barnizar los suelos con brillo, para que de igual si tu madera es bonita o fea, porque solo ves la luz que se refleja sobre ella. Supongo que inconscientemente todos asociamos el brillo al valor pero llegó a ser algo verdaderamente absurdo.

Gran parte del rechazo de la gente hacia la madera la han tenido todos los profesionales sin escrúpulos que sólo pretenden cobrar sus pisos y les da igual si el resultado es francamente mejorable, sobre todo si hay que trabajar mucho más fino y gastarse parte de las ganancias en el sobre coste de un material bueno. Como a las grandes empresas, a éstos solo les interesa vender más, a menor precio y más deprisa. El resultado es que el consumidor rechaza la madera para poner una imitación porque al fin y al cabo sus pisos no duran nada con buen aspecto, en muchas ocasiones no saben lo bonita que podría ser su madera arreglada y te preguntan cuanto les costaría arrancarla o cubrirla con un laminado.

La luz del atardecer nos muestra la textura de las tablas y sus dibujos

También me gustaría hacer mención de los multicapas, conocidos como parquet flotante. En un principio eran solo un sistema de montaje diferente. Las maderas que lo cubrían eran de calidad y tenían espesores de más de 4mm de madera noble. Inevitablemente el proceso se abarató y se empezó a usar maderas mucho más blandas y claritas (alburas) a la vez que se reducía el espesor de madera noble, hasta el punto que he llegado a encontrar flotantes chapeados, sin reparación posible. Los poseedores de estos suelos ven como se rayan con una facilidad pasmosa y acaban pensando que la madera es demasiado frágil y dándola de lado. Los constructores han pasado del parquet al multicapa y de este al laminado.

Cada vez hay más plásticos en nuestras casas, no sólo en el pavimento. Nos gastamos el dinero en caros muebles de madera y descuidamos la madera que más luce, la del suelo.
En Valladolid tenemos unas preciosas procesiones, por el esfuerzo de las cofradías y sobre todo por la calidad incomparable de las tallas policromadas que se muestran. ¿Os imagináis que sustituyeran esas hermosas obras por reproducciones de plástico como las de los belenes? Que triste sería; una triste imitación.

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